ACTIVISTAS DENUNCIAN QUE SENADORES DEJAN ESPACIO PARA EL MAÍZ TRANSGÉNICO

Condenan que la ley de protección del grano no prohíbe expresamente a los OGM

Oaxaca, Oax.- La Red en Defensa del Maíz, un espacio abierto a la participación de colectivos, comunidades, ejidos, organizaciones y personas de todo el país, que desde 2001 defiende la vida de los pueblos del maíz, dio a conocer su  preocupación por el enfoque que asume la Ley de Fomento y Protección del Maíz (LFPM) que dictaminaron y aprobaron las comisiones unidas de Agricultura, Ganadería, Pesca y Desarrollo Rural y Estudios legislativos, segunda, del Senado.

Recuerda que lleva años de conflicto con quienes buscan promover los organismos genéticamente modificados (OGM), “o sea los tecno-científicos que se han coludido con las corporaciones, y con instancias del gobierno, y sabemos que esa pugna no ha acabado”.

Considera que en la redacción de la Ley, hay cuidado para no molestar a las voces que piden transgénicos con lo cual, lamentablemente, dejan la puerta abierta para quienes promueven los OGM.

Puntualiza que la LFPM no establece la prohibición de la siembra comercial, piloto o experimental del maíz GM. Sólo se afirma que el Estado “deberá garantizar y fomentar, a través de todas las autoridades competentes, que todas las personas tengan acceso efectivo al consumo informado de Maíz Nativo en Diversificación Constante, así como de sus productos derivados, en condiciones libres de OGMs y de otras técnicas de mejoramiento genético como la mutagénesis, o cualquiera otra desarrollada por la ciencia, sobre la cual no exista un absoluto grado de certeza científica respecto a su ausencia de riesgos para la salud humana”.

“Pero para defender el maíz, esa ley debe establecer la prohibición de las siembras experimentales, piloto y comerciales de maíz GM. De lo contrario, la contaminación transgénica estará siempre presente como amenaza que impone una enorme carga a los pueblos que nos relacionamos con el maíz, siendo los únicos que podemos garantizar que siga viviendo y en diversificación constante”, reprocha la Red.

Luego de lo cual expone que esa urgente prohibición no podrá asumirla un Consejo Nacional del Maíz (artículo 5), que apenas es un “órgano de consulta del Poder Ejecutivo Federal”, quedando en manos de funcionarios del gobierno, aun cuando contemple la participación de la sociedad civil, de ejidos y comunidades, y de la “academia”, porque eso no sustituye un posicionamiento más contundente en defensa de la vida plena de las comunidades y pueblos.

Recalca que la organización que la falta de posicionamiento firme contra el maíz transgénico se agrava, si se le suma que en la definición que incluyen del maíz nativo apuntan que proviene de una “semilla básica de conformidad con el artículo 3 de la Ley Federal de Producción, Certificación y Comercio de Semillas”, cuando que siendo maíz nativo corresponde a una “variedad de uso común”, es decir “las utilizadas por comunidades rurales cuyo origen es resultado de sus prácticas, usos y costumbres”.

“Esto puede ser ignorancia, ingenuidad o dolo. Porque equiparando al maíz nativo con “semilla básica”, se facilita que sea sometida a solicitudes de derechos de obtener patentes, porque la consideran “producida y reproducida o multiplicada cumpliendo con las Reglas a que se refiere esta ley”, reprocha la Red.

Otro punto de preocupación, subraya, es la insistencia de determinar regiones geográficas (con gran concurrencia de instituciones, no con la participación o reivindicación propia de las comunidades) “en las que se practiquen sistemas tradicionales de producción de maíz nativo”, y la frase que la acompaña diciendo “En los acuerdos a los que se refiere el párrafo anterior, se establecerán las medidas necesarias para garantizar y fomentar la subsistencia de los sistemas tradicionales de producción de maíz nativo”.

“Eso es una definición desde arriba y desde afuera de las comunidades, de cuáles serían las áreas y qué se debería hacer en ellas. Consideramos y reafirmamos, como pueblos indígenas y campesinos de México, que todo México es centro de origen y diversificación de maíz y que son las comunidades quienes pueden y deben definir cómo mantener los sistemas tradicionales de producción y qué apoyo se necesita para ello”, afirman los integrantes de la Red.

A esta definición externa a las comunidades, consideran, la complementa la idea de fomentar la creación de bancos comunitarios de semillas, “cuando las comunidades saben que en los sitios donde existe una fuerte tradición de cuidado y crianza mutua con la milpa la gente usa de continuo sus propias semillas o las que intercambia, y es en ese trasiego anual que las va conservando en las casas”.

La organización recalca que para los pueblos, las semillas se conservan usándolas y entre más gente tenga semillas y haya más dispersión de las mismas habrá más posibilidad de resguardarlas, sobre todo en las variaciones climáticas y el calentamiento global.

Finalmente, ratifica que las semillas son un bien comunitario, legado que los pueblos le brindan a la humanidad. “No son del Estado, la nación o las corporaciones. Rechazamos todo intento de someterlas a derechos de propiedad intelectual, de obtentor o patentes”.

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