LOS ENTUERTOS DE LA DEMOCRACIA ELECTORAL EN LA MONTAÑA

En memoria de los indígenas de los indígenas Na’Savi ejecutados

por el ejército en la comunidad de El Charco.

Nuestra exigencia de justicia no claudica hasta,

que se castigue a los responsables de esta masacre.

A seis años del artero crimen del defensor comunitario Antonio Vivar,

levantamos nuestra voz para que se castigue a los policías federales

que lo ejecutaron en la jornada electoral del 7 de junio del 2015.

Tlapa, Gro.- Pocas camionetas del servicio público se estacionaron en El Jale de Tlapa, contrario a lo que sucede cada domingo, donde acuden centenas de personas que provienen de la Montaña Alta y de algunas comunidades del estado de Oaxaca. Este 6 de junio, un gran número de electores se quedó en sus localidades para votar. A pesar de que el día estaba despejado, las ventas en las calles principales de Tlapa fueron escasas. Fue un mal día para todos los comerciantes.

A diferencia de otros procesos electorales, no hubo muchos anuncios espectaculares de los candidatos y candidatas, aprovecharon más bien las redes sociales para promover su imagen, y también para alentar el golpeteo político entre los contendientes. En las comunidades indígenas los candidatos y candidatas para la gubernatura no hicieron presencia, como es costumbre. En el plano local quienes contendieron por diputaciones estatales y presidencias municipales sus reuniones fueron muy desangeladas, porque además de la ausencia de planteamientos concretos sobre cómo atender los problemas más sentidos de la población, la gente no se siente identificada con ellos y ellas. La misma selección de las candidaturas causó decepción entre los simpatizantes de los partidos políticos, porque se impusieron los intereses cupulares e ignoraron a sus electores. Este malestar fue más evidente en el partido Morena, que trascendió a nivel estatal por el método que utilizó la dirigencia nacional y que causó divisiones internas.

A nivel del quinto distrito, una corriente importante de maestros y dirigentes sociales de la Montaña impugnaron la propuesta que acordaron las cúpulas partidistas del PT y Morena, que decidieron dejar la candidatura para el PT. El agravio fue tan grande, que en esta jornada electoral hicieron pública su postura de que no votarían por el candidato oficial de Morena y PT que apareció en las boletas. Hicieron su propia campaña para que los simpatizantes escribieran en la boleta el nombre de su candidato que fue rechazado.

En el plano municipal hubo fracturas del partido Morena en el municipio de Tlacoapa, por la decisión tomada por parte de la dirigencia estatal de que la candidatura la abanderara una mujer. Esto propició que un precandidato se registrara con el PAN. En el municipio de Tlapa existe aún la impugnación basada en la cuota de género, por parte de una diputada local contra el registro del candidato que contendió por Morena en esta jornada electoral. En el municipio de Malinaltepec también se dio una fricción interna de Morena por la reelección del actual presidente municipal. Esta situación propició que otros aspirantes a la candidatura optaran por registrarse con otros partidos como el PES. En el municipio de Xalpatláhuac se dio una división interna, pero por parte del PRI, debido a que la candidata a la presidencia municipal es pareja del actual presidente, quien lleva dos periodos ocupando el cargo. De igual manera, uno de los aspirantes negoció el registro con el partido Movimiento Ciudadano. En Alcozauca hay una historia parecida con el actual presidente municipal, quien ya ocupó este mismo cargo en otro periodo, y que ahora su pareja es la que la candidatura del PRI para la presidencia del municipio. Esto provocó que otro expresidente de este partido, se registrara con el PVEM. En Atlixtac el actual presidente municipal, que lleva dos periodos de gobierno por parte del PRD, solicitó licencia para contender como candidato a diputado local, sin embargo, al decidir la dirigencia estatal de que en ese distrito se le asignaría a una mujer, el munícipe maniobró para que se registrara como candidata su pareja.

En el municipio de Metlatónoc el actual presidente municipal por Morena volvió a contender para este nuevo periodo, utilizando sus contactos y su poder para imponerse sobre los demás precandidatos. El malestar generó que varios miembros de su partido con algunos de sus dirigentes, decidieran adherirse a la candidatura del PT. Esto mismo pasó con el actual presidente de Cualác, quien triunfó con las siglas del PT y pidió licencia para contender nuevamente en el cargo. Su decisión generó malestar entre la ciudadanía al considerar que no cumplió con sus compromisos. En el municipio de Olinalá hubo cuatro precandidatos que ya han ocupado cargos como presidentes municipales y diputados locales, sin embargo, la dirigencia le dio prioridad al parentesco que existe con el actual candidato. Esta decisión cupular disgustó a los demás contendientes, debilitando al candidato de su propio partido.

Los enroques partidistas que responden más a los intereses de los grupos de poder que se han afianzado en el estado, pone en entredicho los procesos de selección de las candidaturas que se hacen de manera opaca, sin tomar en cuenta a las bases que supuestamente les dan legitimidad y presencia en las regiones. Para que una o un aspirante sea tomado en cuenta por las dirigencias nacionales y estatales requieren necesariamente un padrino (porque casi no hay madrinas), y recursos económicos para negociar el cargo. Por más que el actual presidente de la república ha dicho muchas veces de que se tienen que separar los intereses políticos de los económicos, en la práctica todos los partidos, incluyendo Morena, arrastran este vicio de hacer negocio con los cargos públicos. Por esa razón, los ciudadanos y ciudadanas no se sienten plenamente representados, porque quienes aparecen en las boletas carecen de una trayectoria social y política, que haya demostrado un compromiso verdadero con la población, desempeñando un servicio sin fines de lucro. Lo que más genera desánimo, es que las mismas dirigencias partidistas no tienen calidad moral ni política al erigirse como autócratas o caciques, teniendo el descaro de asumirse como grandes demócratas. Este poder piramidal favorece el monopolio político y económico, y pervierte los procesos electorales, porque se focalizan en proteger sus intereses personales y de grupo en detrimento del bien común.

Lo peor de todo es que como ciudadanos y ciudadanas tenemos que cargar con este sistema, que nos oprime, haciéndonos creer que es la fórmula democrática más acorde para realizar las transformaciones sociales que requiere nuestro estado. La realidad es que, a pesar de esta alternancia política que ya hemos vivido en el estado, los cacicazgos políticos siguen intocados; la corrupción al interior de las instituciones se mantiene intacta y los vicios de quienes tienen el poder se reproducen y multiplican entre los nuevos gobernantes. Por eso seguimos empantanados en esta democracia electorera, porque los ciudadanos y ciudadanas con el sistema de partidos, quedamos supeditados a los grupúsculos del poder público, que deciden quienes serán los candidatos y candidatas para ocupar estos cargos.

La lucha por el poder político en Guerrero seguirá entrampada mientras no se democraticen los mismos partidos, y en tanto no se le dé el lugar que le corresponde a los ciudadanos y ciudadanas como sujetos políticos, que son el motor de la transformación social. Los resultados de esta elección nos darán un panorama de la nueva configuración política en el estado. Es un ejercicio importante porque de alguna manera queda expresada la voluntad ciudadana, que a través de una boleta premia o castiga a quienes las dirigencias políticas decidieron que se imprimieran sus nombres.

Lo más grave es que un buen número de votos en la mayoría de municipios de la Montaña se emitieron de manera truculenta, porque hubo de por medio la compra del sufragio, cuyo precio osciló de 500 a 3 mil pesos, dependiendo de las condiciones políticas y del ánimo que se percibía en el electorado. No se trata de una práctica aislada ni se limita a un solo partido político, desgraciadamente se abusa de la pobreza de la gente y se generaliza esta acción fraudulenta entre todos los actores políticos, que a través de muchas mañas han podido persuadir al electorado. Algunos candidatos que han repetido en los cargos acuden también a las formas de coacción y presión contra la población, al usar a los grupos de las policías municipales y comunitarias para implementar operativos, como la instalación de retenes para impedir el libre tránsito y trasladar dinero en efectivo destinado a la compra de votos. Esto sucedió en varios municipios indígenas.  En lugar de desterrar los vicios y las mañas que tanto han dañado los procesos electorales, se arraigan las prácticas más nefastas que envilecen un ejercicio democrático que en su esencia debe ser libre, trasparente y pacífico.

Lo más valioso de esta jornada electoral es que los ciudadanos y las ciudadanas han demostrado su vocación democrática, a pesar del desencanto, desaires y fraudes, que han causado los gobernantes. Existe en el pueblo de Guerrero una gran tradición para pelear en las urnas y también en los cerros contra el hambre, la pobreza, las injusticias, la desigualdad, la represión política, la corrupción, la impunidad y la rapacidad de las autoridades. Los pueblos de la Montaña no han encontrado en los partidos políticos, ni en sus gobernantes la solución de fondo para resolver los problemas ancestrales de la discriminación, la explotación y la exclusión social. Siguen puestos para dar batallas que están por venir, porque saben que los de arriba difícilmente tomarán las banderas de los de abajo, y porque la cultura individualista y facciosa de los partidos políticos son el gran obstáculo para construir un gobierno desde la base comunitaria, donde la voz de los pueblos pueda nombrar libremente a sus representantes, para que sean verdaderos servidores de la comunidad. El modelo de la democracia comunitaria implantado en Ayutla de los Libres, es el faro que ilumina a los pueblos de la Montaña, para liberarse del yugo de los partidos políticos y sus gobernantes.

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