PRI-AN-RD / Ricardo Monreal

Columna Invitada

La alianza entre PRI, PAN y PRD merece una reflexión.

Empiezo por afirmar que tienen todo el derecho de formar una coalición, alianza o movimiento de oposición en contra de Morena y de su mayoría en la Cámara de Diputados.

Es un recurso legítimo, al cual se acude como estrategia política para buscar frenar al partido en el gobierno y, a la vez, avanzar en obtener el mayor número posible de las posiciones en disputa.

Morena ha impulsado alianzas desde sus orígenes, aunque siempre ha tenido claro un límite ideológico y político: nada con el PRI, porque representa el régimen de corrupción que se busca limpiar, y nada con el PAN, porque es la expresión del conservadurismo militante.

La pregunta central es qué tanto impactará esta “alianza de los extremos” para frenar a Morena, al presidente AMLO y a la 4T.

De acuerdo con encuestas y sondeos preelectorales, hasta el momento el partido Morena —solo o en alianza con otros institutos políticos (PVEM, PT)— mantiene la delantera en los estados en donde se ha expresado la posibilidad de una alianza opositora amplia (Colima, Chihuahua, Michoacán, Nuevo León, Sonora).

Sin embargo, esas mismas proyecciones preelectorales identifican una tercera parte de posibles votantes como “sin definición”, “independientes” o “aún no deciden”, que es precisamente el electorado objetivo de las experiencias opositoras aliancistas. Ese perfil es de personas de clase media, jóvenes, sin filiación partidista, y proclives a definir sus preferencias en función de las y los candidatos, no de los partidos.

La configuración de candidaturas aliancistas opositoras a la 4T sería una novedad en los próximos comicios, y atraería la atención de estos segmentos electorales. También incrementaría el nivel de competencia en los estados y distritos en donde se configuren.

Las alianzas opositoras de signos ideológicos encontrados (como PRI, PAN y PRD) suelen movilizar a ciudadanía “independiente”, pero desmovilizan a sus bases originales. En este sentido, Morena podría acercarse a priistas, panistas y perredistas que lo perciban como una “segunda mejor opción” en los estados y distritos donde aquéllas se configuren.

En el plano ideológico y en el debate político será inevitable presentar estas alianzas como reaccionarias, conservadoras e incongruentes, porque buscan el retorno al pasado, la restauración del régimen de privilegios políticos y económicos, y la continuidad de la corrupción. Son uniones a favor de la corrupción y el pasado.

Por parte de Morena, el que sus adversarios se alíen es un reconocimiento explícito de que tanto el partido como el presidente AMLO están fuertes, a tal grado que los opositores de manera individual no podrían derrotarlos, y precisamente por eso se alían.

La mayor competencia estimulará a Morena a postular los perfiles mejor posicionados en las encuestas, con la mayor potencialidad electoral (conocimiento, experiencia, honestidad, baja negatividad), los cuales pueden ser integrantes originales del movimiento o aspirantes independientes con afinidad manifiesta a la 4T.

Por último, a quienes afirman que con estas alianzas se podrá vencer fácilmente a Morena por el hecho de que “el presidente ya no estará en la boleta en el 2021”, se les olvida que toda elección es también una evaluación del Gobierno en turno. En efecto, el próximo año el presidente no estará en la boleta, sino gobernando en Palacio Nacional, y esto también se evalúa en una elección intermedia.

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